Política Economía Del país 2026-03-16T17:27:09+00:00

Alemania frena la presión de EE.UU. para involucrar a la OTAN en Ormuz

Berlín dejó claro que no considera el conflicto de Ormuz como propio y se niega a involucrar automáticamente a la OTAN, a pesar de la presión de EE.UU. Alemania insiste en que la alianza debe adherirse a su mandato original y no convertirse en una herramienta para apoyar guerras ajenas que amenazan la seguridad energética global.


Alemania frena la presión de EE.UU. para involucrar a la OTAN en Ormuz

En medio de un conflicto que ya disparó la tensión energética global y elevó la presión sobre Europa, la respuesta de Berlín marca algo más profundo: el Viejo Continente no quiere quedar arrastrado sin condiciones a una guerra que considera externa, aunque sus consecuencias económicas le peguen de lleno. Alemania incluso deslizó que esperaba contribuciones militares específicas, como barreminas y otros activos capaces de enfrentar minas navales y drones, en una señal de que la Casa Blanca quiere compartir costos, riesgos y responsabilidades en una zona que hoy concentra una de las principales amenazas para la seguridad energética global. El punto de fricción no es menor. La definición alemana representa uno de los rechazos más explícitos hasta ahora al intento de Trump de internacionalizar el costo militar del desbloqueo de Ormuz. La declaración de Kornelius no fue un matiz menor ni una simple frase diplomática. En Bruselas, varios gobiernos dejaron trascender que antes de comprometer barcos o medios militares quieren saber con claridad cuáles son los objetivos de Estados Unidos e Israel, cuánto podría durar la operación y bajo qué marco político o legal se pediría el apoyo. La respuesta llegó de boca del vocero oficial, Stefan Kornelius, quien sostuvo que “esta guerra no tiene nada que ver con la OTAN” y remarcó que el bloque militar fue concebido para la defensa del territorio de sus miembros, no para intervenir automáticamente en un conflicto abierto por fuera de su área de cobertura. En declaraciones publicadas el domingo, el presidente estadounidense reclamó apoyo concreto de países que dependen del petróleo y el gas que circulan por ese corredor, entre ellos varias naciones europeas y también China. En otras palabras, lo que se discute ya no es sólo una maniobra naval o una pulseada diplomática: es la estabilidad del abastecimiento energético mundial. Sin embargo, en Europa prevalece la prudencia. La magnitud del problema llevó a la Agencia Internacional de la Energía a coordinar la liberación de más de 400 millones de barriles de reservas de emergencia para amortiguar la disrupción provocada por la guerra y por el cierre efectivo del estrecho desde fines de febrero. Mientras la administración estadounidense intenta presentar la reapertura de Ormuz como una obligación compartida por todos los beneficiarios de esa ruta, Alemania insiste en que la OTAN no puede transformarse en una herramienta automática para respaldar guerras ajenas a su mandato original. Berlín, 16 de marzo de 2026 - Agencia de Noticias Total - TNA -. Alemania salió este lunes a ponerle un freno político a la presión de Donald Trump para arrastrar a la OTAN a la crisis en torno al estrecho de Ormuz y dejó en claro que, al menos desde la visión del gobierno de Friedrich Merz, la alianza atlántica no debe involucrarse en una guerra que no considera propia. Por Ormuz transita normalmente cerca de una quinta parte del petróleo y del gas natural licuado comercializados en el mundo, de modo que la interrupción del paso ya golpea con fuerza a los mercados internacionales y, en especial, a los países más dependientes de la energía del Golfo. El portavoz del canciller subrayó, además, que Estados Unidos no consultó previamente a Alemania antes del inicio de la guerra y que, por lo tanto, Berlín no considera que se trate de una cuestión que deba ser absorbida ni por la OTAN ni por el gobierno alemán. En paralelo, el canciller alemán viene mostrando cautela ante cualquier ampliación del involucramiento europeo en la zona, mientras el ministro de Exteriores, Johann Wadephul, expresó también su escepticismo sobre la posibilidad de extender hacia Ormuz la operación naval europea Aspides, que actualmente actúa en el Mar Rojo para proteger la navegación comercial. La reacción alemana llegó después de que Trump advirtiera que la OTAN podría enfrentar “un futuro muy malo” si sus aliados no ayudan a Washington a reabrir el paso marítimo. La jefa de la diplomacia europea, Kaja Kallas, admitió que mantener abierto Ormuz es un interés europeo, pero dejó abierta la posibilidad de una respuesta desde el plano comunitario o mediante una eventual “coalición de voluntarios”, no necesariamente a través de la OTAN. Francia, Italia, Grecia y otros países analizan opciones, pero sin mostrar disposición inmediata a quedar atados a una escalada militar de desenlace incierto. La negativa alemana, por lo tanto, no solo enfría la pretensión de Trump, sino que vuelve a exponer una fractura de enfoque entre Washington y sus aliados europeos.

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